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| Torre de Babel |
Grant Morrison relanzó a la
Liga de la Justicia bajo un nuevo punto de vista en el que los héroes más
importantes de la editorial formarían su núcleo más estable: Batman, Superman,
Wonder Woman, Aquaman, el Detective Marciano, Green Lantern y Flash permanecerían
a lo largo de toda la colección mientras el resto de miembros iban cambiando a
su alrededor según los diferentes retos a los que tenían que enfrentarse. El
guionista escocés logró dejar huella en su paso por la colección –estuvo
presente hasta el #41 USA- al
plantear una serie de aventuras a cada cual más grande, logrando poner en duda
la supervivencia del grupo y haciéndolo de modo coherente con los personajes y
el universo de ficción en el que se desenvuelven. Junto al JLA: Tierra 2, Morrison realizó una de las mejores etapas de toda
la historia del equipo por antonomasia de DC
Comics y cuando anunció su marcha no fue fácil encontrarle un sustituto.
Mark Waid parecía la elección
obvia. Como guionista de Flash había
sabido hacerse un hueco en el corazón del aficionado y además había sido el
encargado de presentar al gran público la nueva alineación de la Liga algunos
meses antes de que Morrison lanzara la serie regular del supergrupo (en la
miniserie JLA: pesadilla de verano). Y
por si todo esto no fuera suficiente, Waid se convirtió en uno de los
profesionales más importantes de la década de los noventa con su obra Kingdom Come, junto a Alex Ross, uno de
los mejores tebeos del Universo DC en
toda su historia. Parecía que su llegada al título estrella de la JLA era bien
merecido y por una vez las expectativas se cumplieron de la mejor manera
–además había sustituido a Morrison en contadas ocasiones durante su estancia,
con resultados muy buenos-.
Waid llega a la colección en
el #JLA 43 USA (en julio del año
2000), el primer capítulo de una saga en cuatro partes que no solo se encuentra
entre lo mejor que se ha escrito de la Liga de la Justicia, sino que es además
una de las mejores historias sobre el Caballero Oscuro que se pueden leer en su
ya larga trayectoria. Torre de Babel,
como se la conoció desde entonces, narra un nuevo intento de Ra’s Al Ghul de
acabar con parte de la población de la Tierra, para así asegurar la
supervivencia del planeta. La diferencia con el resto de planes anteriores del
terrorista asiático es que, por una vez, tiene todas las de ganar, ya que logra
eliminar uno a uno a todos los miembros de la Liga. Y por mucho que cueste
creerlo, lo ha conseguido gracias a Batman. Howard Porter, dibujante que
comenzara junto a Morrison desde el primer número de la colección, continúa
aquí encargado de los lápices en la que es su despedida de la serie regular,
tras la que acabaría en la colección de Flash bajo la batuta de Geoff Johns
–ambos mantendrían el buen hacer de Waid-. Tras tantos meses su evolución ha
sido importante y ha ido mejorando número a número, siendo espectacular y al
mismo tiempo limando alguno de los defectos que arrastraba en las poses algo
forzadas de sus figuras o los rostros crispados de sus protagonistas.
Pero la marcha de Porter trae
consigo una buena noticia: la llegada del artista británico Bryan Hitch, a
todas luces superior a su predecesor. Hitch pertenece a esa escuela de autores
deudores del estilo de estrellas como John Byrne, Alan Davis o Carlos Pacheco
–de hecho, sus primeros tebeos son calcos del estilo de Alan Davis,
prácticamente idénticos- y comenzó a destacar en el universo Wildstorm, junto al también británico
Warren Ellis. También allí comenzó una interesante colaboración con el
entintador Paul Neary que se mantuvo durante muchos años. Tras alcanzar el
éxito se convirtió en el dibujante regular de la JLA, en la que estuvo cerca de
un año y tras la que marchó a Marvel
donde, junto al guionista Mark Millar, revolucionó la compañía con su nueva
versión de los Vengadores –los Ultimates que tanto han marcado las adaptaciones
a la gran pantalla-, donde destacaba una evolución artística hacia el máximo
detalle y las secuencias de mayor espectacularidad que se habían visto en mucho
tiempo en las páginas de un tebeo. Tras otros trabajos con Millar, como una
breve pero intensa etapa en Los 4 fantásticos, probó suerte en solitario como autor completo y de hecho en la
actualidad se encuentra trabajando como guionista y dibujante ocasional de uno
de los títulos de la Liga de la Justicia –mientras que Mark Waid, por su lado,
se encuentra al timón de varias de las series regulares más importantes de Marvel-.
Pero en estos tebeos a Hitch
todavía le queda mucho que avanzar en su dibujo. Todavía recuerda a Davis en
muchos momentos, aunque ya es capaz de deleitar al lector con composiciones e
ilustraciones a toda página impresionantes. Waid, por su lado, no renuncia a
meter en sus tebeos una enorme cantidad de información en forma de cuadro de
texto y de diálogo, tal y como hacía Morrison. De hecho resulta sorprendente
como el nuevo guionista es capaz de mantener el nivel de interés de una serie
en la que sus protagonistas ya se han enfrentado al final de todo lo que existe
en varias ocasiones, logrando salir airosos de todas ellas. De hecho, una
manera inmejorable de tomar contacto con la etapa de Waid y Hitch no es sino el
especial Escalera al cielo.
Si Morrison y Quitely tenían Tierra 2, la pareja Waid-Hitch tiene en
este especial una de sus mejores colaboraciones. Publicado en un formato de
mayor tamaño, son 80 páginas de emoción asegurada cuando la Tierra es
secuestrada por un ente alienígena de escala superior a la de nuestros héroes y
donde Waid aprovecha para jugar con conceptos tan complicados como la divinidad,
la espiritualidad o la actividad religiosa, por no hablar de un profundo tono
optimista –completan la alineación de la Liga Plastic Man, Steel y el Átomo, aunque
solo el primero formaría parte de ella en toda esta etapa -.
Para su segunda saga en la colección
Waid opta por una nueva trama literaria, haciendo que la magia y el folklore
sitien la isla de Manhattan y pongan de nuevo a la Liga en un apuro. Se trata
además de un momento complicado para ellos, ya que la traición de Batman no
solo les ha dejado sin uno de sus miembros más importantes, sino que ha
sembrado la semilla de la discordia entre ellos –subtrama en la que el
guionista irá profundizando poco a poco y número tras número-. Por parte de
Hitch, necesita de vez en cuando la ayuda de otros artistas. A veces los
editores logran camuflar estas asistencias dentro de la saga argumental, pero
otras veces el dibujante titular sencillamente no llega a cumplir las fechas de
entrega y hay que tirar de páginas sueltas realizadas por otros. La #JLA 50 USA, por ejemplo, es un especial
con un buen número de dibujantes en su interior que da inicio a una nueva saga
donde los héroes deberán enfrentarse al Doctor Destino, a sus propios dobles o
a una entidad extradimensional capaz de hacer realidad cualquier deseo.
El último número en la
colección de Waid es el #60 USA, un
especial navideño en clave de humor protagonizado por Plastic Man. Un breve
descanso tras la intensidad de su última saga, con la conquista del planeta por
parte del primer enemigo que Morrison introdujo en la colección: los Marcianos
Blancos –y que contiene una de las escenas más delirantes en torno a Superman
que recuerdo, cuando Lois decide desnudar a Clark (y luego desnudarse ella
misma) en frente de toda la redacción del Planet-.
La etapa de Mark Waid al
frente de la Liga de la Justicia es breve pero intensa. Es capaz de mantener el
nivel tras la marcha de un Grant Morrison que dio lo mejor de sí mismo en esta
colección grupal y además cuenta con el aliciente de Bryan Hitch a los lápices en
buena parte de sus números, uno de los mejores dibujantes del panorama actual
que en aquellos años ya daba muestras de en qué se convertiría.






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