lunes, 21 de julio de 2025

Los 4 Fantásticos de Mark Waid & Mike Wieringo: imaginautas

 

Los 4 Fantásticos de Mike Wieringo

La década de los noventa no fue fácil para la Primera Familia. Su serie languidecía poco a poco hasta que Marvel decidió dar un golpe drástico sobre la mesa que incluía el cierre de su colección más longeva. Curiosamente, desde entonces no le fue mal, con artistas de primer nivel involucrados, aunque no se libró de algunos vaivenes editoriales sin mucho sentido. A la aportación de Jim Lee en Heroes Reborn, muy digna, entre lo mejor de la iniciativa, pero un remake al fin y al cabo, le siguió un fallido relanzamiento a cargo de Lobdell y un inspirado Alan Davis y, ahora sí, la estabilidad de un equipo que logró asentarse en la colección, formado por Chris Claremont y el español Salvador Larroca. Luego vino la interesante etapa de Carlos Pacheco y Rafael Marín, muy potente en lo gráfico, con grandes ideas, pero algo errática. 

Dejando de lado fill-ins y breves periodos intermedios entre grandes sagas, el equipo que tomó el relevo de la colección tras la marcha del artista gaditano era uno de probada solvencia, ya que habían colaborado codo con codo en una exitosa etapa en Flash en la Distinguida Competencia: el guionista Mark Waid, que en esa época trabajada cómodamente en ambas editoriales, y el dibujante Mike Wieringo -completarían la parte gráfica las tintas de Karl Kesel y el color de Paul Mounts-. 

Fantastic Four Vol. III #60 USA (octubre de 2002) marca el inicio de su aportación a la Primera Familia, con un recurso que el guionista ya utilizó cuando Marvel le dio su primer gran encargo en la colección del Capitán América junto a Ron Garney: mostrar a los protagonistas desde el punto de vista de un personaje externo. A esa primera toma de contacto le siguen una serie de números en los que ya comienza a destacar su visión despreocupada de la colección, repleta de aventuras originales en las que se mezcla la ciencia-ficción y la fantasía, con mucho humor y soluciones imaginativas a los grandes problemas a los que se enfrentan Reed Richards y los suyos. 

Página de Mike Wieringo para Los 4 Fantásticos

La primera vez que leí algo de esta etapa fue una saga de dos números en la que la Antorcha Humana y Spiderman se enfrentaban a Hydroman en un parque acuático en un momento en el que Johnny Storm había perdido el favor del público, algo que le afectaba profundamente. Una historia divertidísima dibujada con mucho arte por Wieringo, que además ya tenía experiencia previa con el trepamuros, por lo que conocía al personaje bastante bien -eran los tiempos en los que Panini acababa de hacerse con los derechos de edición de Marvel Comics en España, en detrimento de la Forum de Planeta-. El caso es que no continué la colección porque en ese momento no me apeteció seguir más allá con el rollo humorístico de Waid, hasta que bastante tiempo después Panini reeditó los primeros números de su etapa. Fue entonces cuando me decidí a completarla. 

Porque, aunque es evidente que el tono festivo y simpático es el preferido por guionista y dibujante, su etapa atesora algunos momentos de gran drama, épicos e incluso duros con alguno de los protagonistas -Mr. Fantástico incide en una de sus peores facetas, la de genio incomprendido que espera que su familia le siga sin rechistar en todo momento y a la que cree no debe dar ninguna explicación, en esa línea arrogante y manipuladora que comparte con el profesor Xavier-. De cara a coincidir con un número especial, el aniversario que marca la publicación del Fantastic Four #500 USA (septiembre de 2003) -Marvel, con buen criterio, decidió recuperar la numeración clásica de la colección tras haberla relanzado hasta en dos ocasiones previas-, Waid plantea una de las mejores sagas de toda su etapa, una en la que el Doctor Muerte decide dejar de lado momentáneamente su genio científico para utilizar toda su capacidad mágica contra la Primera Familia, ofreciendo además un reto imposible a su enemigo acérrimo. Una estupenda historia que dejó sentadas las principales tramas para los siguientes meses de la colección, donde se analizaron diversas consecuencias de esta. Entre todas ellas, el hijo mayor de los Richards, Franklin, quedó traumado; y su padre, desfigurado y afectado psicológicamente hasta niveles nunca vistos antes, lo que ayuda a justificar su siguiente decisión: hacerse con el control en Latveria, poniendo a la comunidad internacional, incluyendo los propios Estados Unidos, en su contra. Esta historia, a su vez, tiene sus propias ramificaciones con la muerte de uno de los protagonistas, lo que forzará a sus compañeros a viajar ¡al cielo! en busca de su alma -con un final a lo deus ex machina difícil de olvidar para cualquier aficionado a los 4 Fantásticos-. 

Lo único malo que se le puede poner a estos números es que Wieringo necesita bastante ayuda, ya que nunca ha sido rápido en el tablero de dibujo, por lo que la toma de Latveria está ilustrada por Howard Porter, el artista que trajo de vuelta a la JLA junto a Grant Morrison, mucho más exagerado que el dibujante de Tellos. Tras otro arco de unos pocos números con los 4 terribles como villanos, ilustrado por un Paco Medina muy influenciado por el manga, Waid y Wieringo se juntan de nuevo para la que va a ser su despedida de la colección -su último número, el Fantastic Four #524 USA, aparece con fecha de portada de mayo de 2005-. Y es que son pocos los autores que se resisten, una vez han accedido a la primera colección que lanzó Marvel Comics, a utilizar a dos de los más grandes personajes salidos del genio de Stan Lee y Jack Kirby: el Doctor Muerte y Galactus. Y ni Waid ni Wieringo son una excepción -lo que sí que varía entre ellas es el tono de la historia, mucho más festivo en la segunda-. 

La particular visión de Dios de Mark Waid y Mike Wieringo

Waid es un guionista que apuesta por la esencia de los personajes que escribe, pero que es capaz de ofrecer algo nuevo con ellos. Tiene un buen conocimiento de su historia, aunque creo que se le dan peor las colecciones de grupo. Por su parte, el estilo casi cartoon de Wieringo pega mucho más con un tono en el que prime el sentido del humor o el ambiente fantástico, algo que a priori puede que no encaje con lo que se espera de un artista en Los 4 fantásticos. Aun así, su etapa es reseñable: tiene un par de arcos argumentales espléndidos, el sentido del humor está muy bien conseguido y se nota la sintonía entre ambos artistas. Sobre todo, teniendo en cuenta que sufrió ciertos vaivenes editoriales, ya que estuvieron a punto de ser despedidos llegando incluso a anunciarse de forma prematura por parte de Marvel, aunque al final prosiguieron con su labor mientras el equipo artístico designado para sustituirles inauguró su propia serie dentro del sello Marvel Knights -en la anterior etapa Carlos Pacheco sufrió mucho más la falta de confianza de La Casa de las Ideas, teniendo que lidiar con Jeph Loeb para que le escribiera los diálogos o sin una planificación adecuada para sus sustitutos en los tan necesarios fill-ins-. 

La llegada de Joe Quesada como Editor Jefe en Marvel arregló todo este desaguisado, potenciando los artistas de primera fila en la colección y dándoles la libertad creativa necesaria para llevar a cabo sus ideas: Straczynski en plena Civil War; la llegada del equipo que había realizado The Ultimates, Mark Millar y Bryan Hitch o la aportación de Jonathan Hickman a la Primera Familia.

Los 4 Fantásticos de Howard Porter


No hay comentarios:

Publicar un comentario