viernes, 8 de agosto de 2025

Cacería de bichos. Aliens (El regreso), una película de James Cameron

 

El retraso en el rodaje programado de Terminator (1984), debido al compromiso previo de Arnold Schwarzenegger con Conan, le dio el tiempo necesario a James Cameron para trabajar en dos guiones que al final acabarían estrenándose: Rambo (1985) y Aliens (1986). 

El primero de ellos contó con la colaboración final de Sylvester Stallone y el segundo partió de un tratamiento previo en el que el propio Cameron había estado trabajando junto con David Giler y el mítico Walter Hill, productores de toda la saga Alien. Ambas historias eran segundas partes de éxitos previos, pero tenían un punto original que las diferenciaba de la típica plantilla de Hollywood en la que se volvía a contar la misma historia solo que con un mayor presupuesto detrás. Cameron no estaba interesado en dirigir la continuación de Acorralado (1982), pero sí lo estaba en la secuela del clásico de Ridley Scott

El problema era que la FOX no se fiaba de un debutante cuya experiencia previa se había limitado a apartados técnicos y de efectos visuales, aparte de una única película dirigida que no había sido gran cosa, Piraña 2: los vampiros del mar (1981), donde además había tenido muchos problemas en el rodaje, llegando incluso a ser despedido (o eso clama el propio implicado, aunque todavía no está claro del todo qué fue lo que ocurrió). 

Imagen promocional con los actores de Aliens

El caso es que Terminator, que también contó con guion del propio Cameron, fue todo un éxito, por lo que al final sí se dio luz verde a una secuela algo tardía que ya desde el momento de su estreno se convirtió en un clásico de los géneros de acción y ciencia-ficción, no solo al nivel de la primera, sino incluso llegando a superarla en muchos momentos. Amplió la franquicia permitiendo su expansión en nuevas direcciones, recaudó una millonada y supuso la consagración definitiva de su director, convertido hoy en día en uno de los más taquilleros de la historia del cine. 

Aunque es innegable que Cameron demostró una mirada excepcional para rodar la acción más desenfrenada, y que consiguió sacarle un extraordinario partido a su experiencia previa en el diseño y el uso de los efectos especiales, la base indiscutible de la buena aceptación de la película se encuentra en un guion trabajado hasta el más mínimo detalle que es capaz de crear una historia original aprovechándose de los cimientos de la anterior entrega pero llevándola en una dirección diferente, dejando de lado el suspense y el terror para apostar por la acción. Para que esta tenga un mayor efecto, Cameron se las ingenia para ir construyendo la tensión desde el primer momento, tomándose el tiempo necesario para introducir los pormenores del guion, así como a los personajes principales, en un crescendo digno de cualquier escuela de cine, donde cada secuencia supera a la anterior hasta llegar a un desenlace por todo lo alto. 

Y eso que la producción no fue nada sencilla. Cameron comenzó a ganarse a pulso la fama de persona enérgica, tiránica incluso, en los rodajes. Perfeccionista hasta la extenuación, como ha podido comprobarse desde entonces en buena parte de las películas en las que ha trabajado, no llegó a congeniar en ningún momento con los profesionales implicados en el rodaje en las cercanías de Londres, en los míticos Pinewood Studios -famosa es la anécdota de sus últimas palabras tras finalizar el trabajo, donde prácticamente los mandó a todos al carajo-. Llegó incluso a despedir durante la producción a varios nombres importantes, como al director de fotografía, o a uno de sus actores principales por problemas de adicción, que fue sustituido por Michael Biehn -en el montaje final se colaron algunas escenas en las que el Cabo Hicks está interpretado por James Remar, el padre en la ficción de Dexter-. 

Réplica de la U.S.S. SULACO

Tampoco sentó nada bien la dupla creativa que Cameron formaba con la productora Gale Anne Hurd, con la que se casó en 1985. Aunque la verdad es que consiguieron sacar adelante el proyecto, recurriendo, sobre todo en el casting, a varios profesionales con los que ya habían colaborado previamente y a los que conocían de primera mano. Es así como nos topamos con Bill Paxton como el soldado Hudson o Lance Henriksen como el androide de a bordo -a este último lo conocían desde el rodaje de Piraña-, mientras que en el apartado técnico destacan nombres como el de Stan Winston, que había dado vida al T-1000 y que se llevó para casa su primer Oscar a Mejores Efectos Especiales gracias a esta película -Aliens estuvo nominada a siete candidaturas, de las que se llevó a casa dos, incluyendo Mejores Efectos de Sonido, el año que triunfó Platoon-. En el terreno de la anécdota, el difunto Bill Paxton era el único actor que podía presumir de haber sido asesinado en pantalla por tres de los mayores iconos de la ciencia-ficción y el terror modernos: un Terminator, un Alien y un Depredador -en la secuela que apareció en 1990-. Henriksen también puede presumir de ello, aunque con matices, ya que su encuentro con la Reina Alien en esta misma película, si bien lo dejó para el desguace, técnicamente no acabó con su vida. 

La que era pieza clave en la historia de Cameron era Sigourney Weaver, por la que tuvo que pelear en todos los frentes por su contratación. La actriz no estaba interesada en un principio en retomar su papel de Ripley, pero el novedoso tratamiento de guion por parte del director de Avatar le llamó lo suficiente la atención como para no cerrarse en banda. Tras destacar en Alien, la actriz ya había aparecido en dos buenas películas, El año que vivimos peligrosamente (1982) y Los Cazafantasmas (1984), por lo que su caché había subido considerablemente. Al final se llevó uno de los dieciocho millones de presupuesto con los que contó la película, y con toda la razón del mundo, ya que Weaver está genial en esta historia, además de ser el hilo conductor imprescindible para sus tramas -y que le valió una nominación a los Oscars como Mejor Actriz Protagonista-. 

Existe un montaje del director de Aliens con unos veinte minutos adicionales a los que aparecieron en el estreno cinematográfico y que se comercializó con motivo de la llegada del DVD. En ella se puede encontrar una escena al comienzo de la historia centrada en Ripley, que tras acabar con la vida del xenomorfo y reventar la NOSTROMO, se ha tirado seis décadas criogenizada vagando por el espacio en la cápsula de salvamento. Eso significa que ya no queda nadie vivo en la Tierra de su antigua vida, incluida su hija, de la que vemos una fotografía -que era, en realidad, la madre de Weaver-. Esto añade una serie de matices al viaje del personaje en esta película, ya que accede a volver al planeta LV-426 tanto para acabar con sus pesadillas como por darle un mínimo sentido a una vida en la que lo ha perdido todo. Una vez allí, entabla una relación maternofilial muy fuerte con Newt, una niña pequeña que se ha convertido en la última superviviente de una colonia de seres humanos que se establecieron en LV-426 años atrás. La pérdida de las comunicaciones con la colonia es lo que dispara las sospechas de la Corporación Weylan-Yutani, que hasta el momento no acababa de creer ni una sola palabra del relato de Ripley. Por si acaso, deciden enviar a un pelotón de marines fuertemente armados para comprobar el estado de los colonos desaparecidos, convenciendo de paso a Ripley para que los acompañe en calidad de consejera. 

Marines Coloniales en plena acción (Aliens)

La relación madre-hija llega a un nivel nunca visto en la parte final de la película. Primero, el rescate de Newt por parte de Ripley, que ha vuelto a quedar como única superviviente -a excepción de Hicks, pero está tan hecho polvo que apenas puede moverse, y Bishop (Henriksen), el inquietante androide de a bordo, con el que Cameron juega en todo momento dado el comportamiento homicida de la anterior versión que conocimos en Alien-; y segundo, en el enfrentamiento a cara de perro con la Madre-Alien, furiosa por el daño infligido a sus criaturas por parte de Ripley -los aliens de Cameron demuestran ciertos niveles de inteligencia realmente preocupantes, ya que son capaces de emboscar a sus presas e incluso de cortarles el suministro de luz a la hora de atacar su último lugar de resistencia. Y la Reina Alien es capaz de comprender el funcionamiento de un ascensor e incluso de dejarse llevar por sentimientos tan humanos como la venganza-. 

El extraordinario diseño de esta criatura tiene su origen en la fértil imaginación del propio James Cameron, aunque fuera Stan Winston el encargado de construirla -a excepción de la Madre, todos los aliens que vemos en pantalla son en realidad gente disfrazada, lo que resulta toda una sorpresa-. Y no fue lo único con lo que planteó un reto a sus especialistas, el exoesqueleto de carga que maneja Ripley también es obra suya y también se acabó construyendo. En la fase de diseño nos encontramos con uno de los nombres más importantes de la ciencia-ficción de la época, el de Syd Mead, que se hizo famoso en la industria tras su aportación a la Blade Runner (1982) de Ridley Scott. Suyo es, entre otros, el diseño de la chulísima SULACO, la nave militar en la que los protagonistas llegan a LV-426 y donde tiene lugar el enfrentamiento final. 

Todo el diseño de producción de la película es excepcional. El vehículo terrestre de transporte o la nave con la que descienden a la superficie del planeta y que recuerda en su diseño a los helicópteros Apache del ejército norteamericano, trazando de paso ciertos paralelismos con la guerra de Vietnam -la emboscada subterránea, que se filmó en una instalación eléctrica abandonada a las afueras de Londres-. Y no eran las únicas referencias a la fatídica intervención de los americanos en el extremo oriente, ya que el actor que daba vida al sargento Apone (Al Matthews) a cargo de los marines, siempre con su puro en los labios, era él mismo un veterano de Vietnam. 

Nut, a punto de pasarlo mal

El detalle de guion se aprecia en cómo con unas pocas pinceladas Cameron es capaz de ir dando personalidad a algunos de los integrantes del pelotón -otros, por fuerza, están condenados a pasar más desapercibidos, pura carne de cañón-. Aquí destaca la soldado Vásquez (Janette Goldstein), otro de esos personajes femeninos fuertes que tanto le gustan a Cameron. Todos entrenaron juntos -a excepción de Biehn, que llegó más tarde- con profesionales auténticos del SAS británico e incluso tuvieron libertad para personalizar su vestuario y el equipo que iban a utilizar durante la filmación. 

Otro personaje que merece comentario aparte es el Burke de Paul Reiser. Un hombre de la compañía, un personaje despreciable dispuesto a cualquier cosa por complacer a sus superiores sin importar las consecuencias, pero que parece en todo momento una persona tranquila y de fiar. Desde entonces, cada vez que me encuentro con un personaje de este tipo en el cine -la última vez, en Jurassic World: el renacer (2025)- siempre pienso este es como el de Aliens

Cameron también amplió la mitología en torno a los xenomorfos de manera que, desde entonces, quedó claro el ciclo productivo de la especie. Hasta ahora habíamos visto como de una especie de huevo salía una criatura parecida a una araña que atrapaba a sus víctimas y que dejaba un embrión en su interior, muriendo en el proceso. Dicho embrión crece dentro del cuerpo del anfitrión, al que acaba matando cuando se abre paso desde sus tripas hacia el exterior. Una vez fuera crece a una enorme velocidad. ¿Y entonces? 

Sigourney Weaver como la teniente Ellen Ripley

Lo que el director de Titanic plantea es que una vez han crecido lo suficiente, son capaces de capturar más presas para llevarlas a una especie de madriguera en la que, debidamente inmovilizadas, quedan a merced de nuevos huevos, perpetuando así la especie. Quedaba entonces la incógnita del origen de dichos huevos y es ahí donde entra la Reina Alien. 

A partir de entonces, con cada nueva entrega de la franquicia, fuimos descubriendo nuevos detalles sobre los xenomorfos y su ciclo reproductivo, llegando a plantearse grandes ideas en el universo expandido que se dio en novelas y, sobre todo, en las páginas de los cómics -aunque todo esto ha producido cierto lío en torno a lo que es canon y lo que no-. 

Aliens también dio alas a una segunda secuela que de nuevo contó con Weaver como protagonista y con un sorprendente David Fincher en la dirección, en la que fue su primera película, tras un desarrollo de historia y de guion, como poco, caótico, en un intento de no repetir lo que ya habíamos visto hasta entonces -Alien 3 (1992) continuaba exactamente allí donde acababa Aliens-.

La Reina Alien en todo su esplendor


No hay comentarios:

Publicar un comentario