domingo, 5 de octubre de 2025

Un oscuro manto, de Jaime Martín

 

Esta última obra del autor, publicada primero en Francia en 2024 en la editorial Dupuis, supone un ligero cambio de género al optar por elementos de misterio en un entorno rural, en detrimento de sus últimos trabajos, en los que destacaba un marcado ambiente urbano. Por otro lado, Martín ha seguido fiel a un tipo de historia ambientada en el pasado de su tierra que le ha traído muy buenos resultados en sus últimas obras. 

En esta ocasión el autor nos traslada al Pirineo catalán en los comienzos del siglo XX, donde las trementinaire ejercen de improvisadas curanderas, dadas las enormes dificultades de comunicación y acceso que había en esa época. Estas mujeres recorrían las sendas y los caminos de pueblo en pueblo, vendiendo sus remedios caseros para todo tipo de dolencias, cuando no asistían a partos o a personas en sus últimos momentos. Mara, nuestra protagonista, se encuentra ya en los últimos momentos de su vida, sola y aislada y con cada vez menos fuerzas para seguir ejerciendo su labor. El retiro se acerca cada vez más, pero lo que parece que va a ser un tranquilo momento en su vida se complica cuando encuentra en el bosque a una extraña mujer herida que no es capaz de comunicarse y a la que acaba ayudando, llevándosela a su propia casa para cuidarla. Lo que la anciana curandera no puede sospechar es que la introducción de la joven mujer en la comunidad cerrada a la que pertenece va a desencadenar una serie de hechos, a priori fortuitos, que la cambiarán para siempre. 

Ejemplo de la cuidada iluminación de interiores

Los grandes espacios naturales por los que se mueven los personajes es uno de los puntos fuertes de este tebeo, en especial por el uso que hace su autor del color. Norma vuelve a editar a Martín en España, en esta ocasión con un tomo en tapa dura de 112 páginas en formato de álbum europeo que luce de maravilla. El dibujo de Martín sabe captar ese costumbrismo de la época, mientras que su historia se detiene en el miedo a lo desconocido y en la importancia de la comunidad, cuyo eslabón más débil siempre acaba perjudicando al resto de sus integrantes, dada la dificultad para sobrevivir con lo mínimo. La envidia y el miedo acaban dando paso al odio y este, más temprano que tarde, a la violencia e incluso al asesinato. Sin dejar de lado otros aspectos fundamentales de aquellos tiempos, como la obediencia a la autoridad, la influencia de la iglesia católica en el devenir diario de sus parroquianos o el continuo enfrentamiento entre las ideas modernas y las tradiciones y supersticiones. 

Martín trabaja con una disposición de cuatro tiras de viñeta por página, jugando con el tamaño de estas últimas según se adapten mejor a su narrativa -siempre viñetas cuadradas, muy clásico en ese aspecto-. Cuando apuesta por el formato apaisado o por una ilustración de mayor tamaño que casi ocupa la totalidad de la página es cuando hace partícipe al lector del impresionante paisaje natural por el que se mueven los personajes. Merece la pena resaltar la aplicación de los colores con usos narrativos, ya sea en interiores, cuando todavía no todo el mundo disponía de luz eléctrica, o en exteriores, para mostrar el contraste entre el día y la noche, la oscuridad y la claridad o el paso de una estación a otra. 

Que contrasta con la luz del exterior

Aunque es una historia de corte realista, Martín no puede resistirse a introducir un elemento misterioso y fantástico que no cambia la naturaleza del relato, ya que está muy bien hilvanado con lo que se está contando. Un recurso que, si no se tiene cuidado con él, puede transformar la principal trama en algo diferente. Esto se nota especialmente en la relectura, lo cuidado del guion y de cómo se relacionan entre sí los diferentes hilos argumentales -no en vano, Martín dedicó dos años y medio de su vida a realizar este tebeo-. 

Un oscuro manto nos traslada a una época pretérita de cambio. Y como suele ocurrir en estas ocasiones, siempre hay alguien reacio a ese tipo de situaciones, lo que provoca el roce inmediato con aquellos que lo abrazan sin desconfianza. Martín no solo reivindica el papel que jugaban en esa sociedad las trementinaire, un personaje quizás demasiado localista, sino que aprovecha para resaltar el papel de la mujer en unos tiempos difíciles en los que se ocupaba tanto de los trances de la vida como de la muerte.

Ilustración promocional de Un oscuro manto


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