La vuelta de Cameron al mundo de Pandora, dos años y medio tras la última vez, se ha convertido en el gran estreno de finales de un año 2025 en el que la taquilla, sobre todo la que está relacionada con los grandes blockbusters norteamericanos, ha vuelto a dar muestras de debilidad. A falta de ver si la recaudación de Fuego y ceniza es lo suficientemente grande como para permitir que el director de clásicos del género de acción y ciencia-ficción como Aliens continué con su obsesión con el ecologismo y el 3D, la realidad es que la fórmula de Avatar ha mostrado signos preocupantes de agotamiento en una tercera entrega que, aunque forma un díptico con su inmediata predecesora, toma sin ningún reparo soluciones tanto de esta como de la primera parte, fagocitándose a sí misma.
Ya en El sentido del agua se apreciaban ciertas situaciones que se repetían una y otra vez para que la trama principal avanzara, pero al menos se nos presentaba un escenario desconocido gigantesco que valía mucho la pena explorar, así como un buen puñado de personajes nuevos con los que ir familiarizándose. De esto no hay casi nada en Fuego y ceniza, que se limita a introducir una nueva tribu de los Na´vi como antagonistas liderados, eso sí, por una magnética Oona Chaplin y a repetir una y otra vez lo mismo que hemos visto hasta ahora.
No hay una expansión como tal del mundo de Pandora, algo que se echa en falta en una historia demasiado perezosa incluso para un director como Cameron, que nunca ha brillado en exceso como guionista pero que siempre ha sabido cómo sacar lo mejor de sus personajes para que estos acaben emocionando a los espectadores.
| Oona Chaplin interpreta a Varang |
Queda entonces Fuego y ceniza como un espectáculo visual de primer orden, que sigue brillando a un nivel técnico impresionante y que merece ser disfrutado en la pantalla de cine más grande posible y con la mejor calidad de reproducción del 3D. La mirada de Cameron sigue estando a un nivel altísimo, con una capacidad para rodar acción y aventura al alcance de muy pocos profesionales del séptimo arte. Es, probablemente, el mejor que ha existido nunca en este sentido y pasarán muchos años hasta que aparezca otro que siquiera llegue a igualarlo.
Más allá de la batalla final, brillan el asalto de los Mangkwan a la caravana de los comerciantes o la secuencia de acción que tiene lugar en la tecnificada ciudad humana, aunque hay que reconocer que el exceso de metraje tampoco ayuda demasiado, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de una única historia contada en dos películas.
La planificación original de
Cameron incluía cinco películas, pero la segunda y la tercera comparten mucho
metraje rodado a la vez, tal y como se ha hecho en otras ocasiones, por ejemplo
con la secuelas de Matrix. Todavía
está por ver si continuará en la silla de director en las siguientes entregas
de la franquicia o si preferirá liderarla desde las bambalinas como productor,
lo que tampoco sería una tragedia, ya que nos permitiría disfrutar de su
pericia tras la cámara en otro tipo de historias.
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