lunes, 22 de diciembre de 2025

Saigón-Hanoi, seguido de Zeke cuenta historias, de Cosey


El siglo XXI trajo una nueva línea editorial por parte de Planeta DeAgostini centrada en grandes obras del cómic mundial, titulada Colección Trazado. En esa primera etapa, porque en el año 2013 fue relanzada, los aficionados pudimos disfrutar de nombres imprescindibles del noveno arte como los de Alan Moore, Joe Sacco, Spiegelman, Tezuka, Oesterheld o Chris Ware; que enriquecieron una iniciativa pensada para recopilar obras de gran calidad editadas con cierto mimo, todas en tapa dura -aunque el diseño de portada, en muchas ocasiones, dejaba mucho que desear-. 

Cosey, nombre habitual de la BD francobelga de los últimos años, veterano artista suizo y consumado viajero, como muy bien se refleja en buena parte de su obra, tuvo la oportunidad de debutar con un volumen en el que se recopilaban dos tebeos diferentes, quizás unidos temáticamente por alguna idea en torno a la capacidad de contar historias, pero que no compartían nada más allá del mismo autor y de estar ambientadas, en buena parte de sus páginas, en Asia, concretamente en países como Vietnam, Myanmar o Laos.

Página de Saigón-Hanoi

La primera de ellas, Saigón-Hanoi, es la más corta, solo cuarenta y cuatro páginas, y la que ha cosechado un mayor reconocimiento con el tiempo -además, ya era conocida en el mercado español, ya que había sido publicada con antelación por parte de otra editorial-. Fue premiada al mejor guion en el festival de Angoulême en 1993, un año después de su publicación en la belga Dupuis

El protagonista, Homer, es un veterano de la guerra de Vietnam que se dispone a pasar solo la última noche del año en la casa familiar, algo apartada del mundanal ruido. Su única ocupación consiste en ver por la tele un documental, titulado precisamente como la historia que se nos está contando, en el que se narra la vuelta de algunos soldados americanos a Vietnam, veinte años después del conflicto, con un ánimo amistoso y reconciliador. Sus planes son interrumpidos por una llamada telefónica, la de una niña de once años, vecina próxima, que se encuentra sola en casa debido a un accidente fortuito de su madre -en el exterior se aprecian las inclemencias de un duro invierno-.

El Vietnam de Cosey en Saigón-Hanoi

Cosey juega con el recurso de desligar las imágenes que va mostrando en la página con las que el lector va descubriendo en los cuadros de texto. Pero no se queda ahí, porque el juego consiste en hallarle un significado diferente, de forma que lo que se cuenta en uno u otro sentido acaba teniendo un significado total y conjunto. El suizo nos muestra lo que ocurre en el presente en casa de Homer, pero al mismo tiempo dedica espacio a lo que está mostrando el documental y, por último, con los recuerdos del propio protagonista, que ya fue objeto de un viaje de reconciliación propio por las tierras de Vietnam. 

Para llevar esto a cabo, Cosey opta por una narrativa en clave realista, de extraordinaria documentación a la hora de mostrar los lugares exóticos por los que se desplaza el personaje principal. Utiliza siempre viñetas cuadradas, pero su posición y tamaño en la página es de una enorme variedad, de modo que se siente cómodo tanto si utiliza primeros planos de los rostros de los viajeros como si amplía el campo de visión y nos enseña paisajes, ciudades y costumbres asiáticas. Además, hace un uso del color muy potente, de tonos azules para la historia que se desarrolla en el momento presente y otros amarillos para el resto.

Página de Zeke cuenta historias

Zeke cuenta historias se publicó por primera vez en Dupuis en el año 1999. Los escenarios esta vez son Nueva York, Myanmar y Laos, pero en general tiene un tono más experimental que la anterior y una mayor extensión que no acaba de ayudarle, porque tiende a repetir el mismo recurso en demasiadas páginas, lo que puede llegar a cansar. Zeke es un exitoso artista que lleva desaparecido muchos años y que se dedica en la actualidad a contar historias de fantasía con ayuda de unas diapositivas proyectadas, que son mostradas por Cosey como imágenes estáticas, dividiendo la página en una rejilla de seis viñetas. 

En su busca parte su madre, en compañía de su editora, una vez Zeke ha dado muestras de vida tras muchos años sin el más mínimo contacto. De nuevo aquí tenemos una mezcla de diversos relatos, los de ficción de Zeke, los recuerdos de su madre y lo que se va mostrando al lector que va ocurriendo en el tiempo presente, que es en realidad un viaje, una búsqueda de respuestas. 

La historia, del doble de páginas que su predecesora, también tiene un uso del color de contrastes y una mayor cantidad de diálogos -no hay tantas secuencias mudas como en Saigón-Hanoi-. Cosey sigue fiel a sus viñetas cuadradas y a su disposición en la página dependiendo de sus intereses narrativos. Pero es una historia más difícil, no tan redonda como su predecesora, que no es solo bonita, sino que está muy bien contada.



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