miércoles, 11 de febrero de 2026

Contacto, de Carl Sagan

 

Conocido mundialmente gracias a la emisión de Cosmos, una serie documental que él mismo escribió y presentó en 1980, Carl Sagan es, además, uno de los divulgadores científicos más importantes de la historia reciente de los Estados Unidos, con una carrera académica envidiable: doctorado en Astronomía y Astrofísica y profesor en Harvard a mediados de los sesenta; director del Laboratorio de Estudios Planetarios en la década siguiente y estrecho colaborador a lo largo de toda su vida profesional de la NASA y del Instituto SETI. A sus éxitos como científico hay que añadirle una extraordinaria labor de difusión y divulgación de la ciencia gracias a la mencionada Cosmos, uno de los programas más importantes de la historia de la televisión norteamericana; a sus casi diez años como editor de una revista científica centrada en la investigación planetaria y a sus numerosas publicaciones sobre diversos temas científicos, muchos de los cuales fueron reconocidos con premios de renombre como el Pulitzer, Peabody, Emmy, Locus, Hugo, etc. -la lista es amplísima-. 

Otra razón por la que Sagan es conocido, aunque quizás no todos los espectadores sean conscientes de ello, es por el estreno en 1997 de Contact, estupenda película a cargo de Robert Zemeckis en la que Jodie Foster interpretaba a una brillante científica que descubre el primer mensaje extraterrestre enviado a nuestro planeta. El guion de James V. Hart y Michael Goldenberg adaptaba la única novela que llegó a escribir Carl Sagan -adscrita, cómo no, al género de la ciencia-ficción-. 

Sagan comenzó a trabajar en un guion cinematográfico en 1970 junto a su colaboradora habitual Ann Druyan -con la que acabó casándose- y por desgracia el proyecto entró en uno de esos procesos erráticos que ocurren a veces dentro de Hollywood en donde las productoras no acaban de ponerse de acuerdo, con líos de derechos de por medio, numerosos profesionales implicados descontentos, demandas, etc. Finalmente, la cosa llegó a buen puerto, pero demasiado tarde para su autor, que había fallecido a finales de 1996 de una neumonía, tras varios trasplantes de médula ósea, a la edad de sesenta y dos años. La película fue un éxito de taquilla y público, pero no utilizaba ese primer tratamiento de guion de la dupla Sagan-Druyan, ya que en 1985 el primero se hartó de tanto ruido y publicó su historia en forma de novela, la única que llegó a escribir en toda su vida. 

La protagonista de Contacto, Ellie Arroway, dirige uno de los proyectos de SETI destinado a recabar información del espacio exterior. Hasta que un día se topan con un mensaje codificado proveniente de la estrella Vega. Dicho descubrimiento tiene un impacto fundamental no solo en la vida de Ellie, sino en la de todo el planeta. 

Sagan juega de manera un tanto hábil a mezclar su enorme cantidad de conocimientos sobre el tema para proponer una situación potencialmente posible, no tanto a la hora de describir una inteligencia extraterrestre, sino a mostrar cómo afectaría a la sociedad moderna, que inicia un periodo de colaboración sin igual a diversos niveles. No solo la industria, que debe dar un paso adelante para seguir las instrucciones del mensaje, sino sociológica y políticamente, ya que exige una colaboración internacional sin igual. 

La novela presta especial atención a la vida personal de Ellie, ya que es su punto de vista el principal que se nos muestra. En su primera parte la historia se queda muy pegada a la realidad, pero conforme va pasando el tiempo y se van dando los descubrimientos, Sagan echa mano cada vez más de la ciencia-ficción especulativa para ir mostrando esos años futuros cercanos al cambio de milenio, con adelantos tecnológicos importantes -como dato curioso, Estados Unidos tiene a una mujer en el despacho oval de la Casa Blanca-. 

Aunque si hay un tema que está presente desde el mismo comienzo de la historia, ese es el profundo efecto que un descubrimiento de estas características tiene en la comunidad religiosa internacional, con la eterna lucha/colaboración entre ciencia y fe, la revelación o el método científico. 

La novela está dividida en tres partes. La primera está centrada en presentar los principales personajes y en la llegada del mensaje, incluyendo el posterior estudio para entenderlo. Una segunda en la que se muestra, una vez desencriptado, el proceso de construcción de una extraña máquina, cuyo propósito permanece en las sombras. Y una última que muestra lo que ocurre una vez el ingenio mecánico comienza a funcionar. 

Aunque la historia es entretenida y está perfectamente documentada, llegando incluso a hacer sencillo lo difícil, se nota que Sagan no tiene alma de novelista. A veces falta algo de emoción, de ritmo trepidante, en una serie de tramas que, si la llega a escribir un Michael Crichton, por ejemplo, hubiera acabado siendo algo muy diferente. 

Por último, hay que reconocer que la adaptación de Zemeckis y Foster es muy buena. El guion toma un viejo atajo de Hollywood donde algunos personajes son en realidad la mezcla de varios literarios, aligerando algo las subtramas y centrándose en lo importante. El uso de los efectos especiales no es algo que destaque especialmente, pero tratándose de Zemeckis están perfectamente integrados en la historia -tampoco hay que olvidar alguna que otra virguería visual, como el momento en el que una joven Ellie corre para salvar a su padre, en un plano secuencia tan brillante como imposible de darse en la realidad-. El reparto está realmente bien escogido y en definitiva es una estupenda película que hace justicia a la novela e incluso la supera en determinados momentos.

Foto de Carl Sagan sacada de Wikipedia


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