lunes, 11 de mayo de 2026

El diablo viste de Prada 2, de David Frankel

 

De nuevo nos encontramos en la cartelera con una secuela tardía –veinte años, ni más ni menos, desde el estreno de la primera parte- aunque por desgracia en esta ocasión el resultado final no se acerca ni de lejos a lo logrado por la película original, que mezclaba hábilmente comedia con drama alrededor del mundo de la moda de lujo, en concreto en torno a la publicación más importante del sector, cuya máxima responsable, además, era un jefa tóxica tan brillante en su trabajo como horrible en su trato con los demás. 

La película también jugaba con el cambio que se daba en la joven protagonista, que ante su primera gran oportunidad laboral se veía obligada a adoptarse a un mundo ajeno que cada vez le resultaba más atractivo, hasta llegar al punto en el que su ambición se interponía una y otra vez no solo en su vida personal, sino en sus convicciones más íntimas.

 

Anna Hathaway en El diablo viste de Prada 2

Nada de esto ha sobrevivido en la secuela, más allá de la reunión de los cuatro actores principales que participaron en la primera parte –lo que también tiene su mérito, ya que la carrera de todos ellos ha transcurrido de diferente manera e incluso Streep llevaba varios años centrada en la televisión sin estrenar en cines-. La secuela cumple con todo lo que no me interesa del Hollywood actual, una plantilla que la hace previsible, inocua, blandita. Ojo, está resuelta con oficio, es simpática –no demasiado graciosa-, pero tiene muy poco interesante que ofrecer. 

La historia gira en torno a la dura situación actual de la prensa escrita, a la irrelevancia a la que están condenadas muchas publicaciones y a la desaparición de buena parte de las redacciones. Hay una crítica ligerísima a la voracidad de las multinacionales por los recortes y los bonus millonarios, a un estilo de hacer negocios que amenaza con acabar con la mayoría de oportunidades para la gente de a pie. Pero es lo de menos, de igual manera que el personaje de Hathaway tiene una subtrama romántica, irrelevante para la historia principal, con un arquitecto interpretado por Patrick Brammall.

 

La actriz británica Emily Blunt

Donde sí se nota la diferencia es en la proliferación de rostros conocidos del mundo de la moda. La película original es una de esas comedias que han ganado mucho con el paso del tiempo, haciéndose muy conocida, por lo que son muchas las marcas de primera que han querido aparecer en pantalla grande –por supuesto, bajo un jugoso acuerdo de no agresión mutua-. 

El diablo viste de Prada 2 da incluso menos de lo que se le presuponía a priori, con una Meryl Streep en piloto automático y un personaje protagonista que, en realidad, no ha evolucionado nada desde la primera parte. Algo que no acaba de entenderse porque a estas alturas se sabe que determinado tipo de nostalgia vende, y mucho, por lo que la taquilla estaba hasta cierto punto garantizada, como así ha sido al final.

Meryl Streep y Stanley Tucci


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