viernes, 12 de junio de 2026

No estamos solos. Encuentros en la tercera fase (montaje del director), una película de Steven Spielberg

 

1977 fue un año especialmente bueno para el género de la ciencia-ficción en pantalla grande, con los estrenos de Star Wars y de Encuentros en la tercera fase, la tercera película de un Steven Spielberg que, tras el desmesurado éxito de Tiburón (1975), se la jugó con su proyecto más personal hasta la fecha. 

Y es que nunca es fácil enfrentarse a un nuevo reto tras haber triunfado tanto y de manera tan incontestable. Las expectativas estaban muy altas y el mundillo se preguntaba si había sido cosa de un día o si de verdad se encontraba ante uno de los mejores creadores cinematográficos del momento. Por su lado, Spielberg se sentía con confianza, pero también sufría la presión no ya de superar, sino de tan solo igualar lo que había conseguido con su anterior película. 

Para ello recurrió a un viejo proyecto con más de quince años de antigüedad, de cuando todavía no era un profesional del medio pero ya tenía claro hacia dónde quería orientar su talento. Una historia de ciencia-ficción que en su centro tenía el primer encuentro entre la humanidad y una inteligencia extraterrestre, centrándose en las consecuencias que tenía para un padre de familia que se veía envuelto en el asunto. Spielberg contrató a una serie de guionistas para que llevaran a cabo su idea inicial, pero tras varias reescrituras y enfoques no quedó contento con ninguno, por lo que acabó escribiéndolo él mismo –la primera vez que aparecía acreditado en este apartado en su carrera-. Unos pocos años después participó en el guion de Poltergeist (1982), pero no volvería a dirigir una historia propia hasta 2001, cuando estrenó Inteligencia Artificial, un proyecto muy relacionado con Stanley Kubrick. 

El director francés François Truffaut tiene un papel destacado en Encuentros en la tercera fase

La influencia de 2001: una odisea del espacio (1968), no es poca. Encuentros en la tercera fase es una película donde la música juega un papel fundamental. Spielberg volvió a confiar en John Williams, que justo acababa de componer la banda sonora de Star Wars para George Lucas –fue el propio Spielberg el que recomendó al segundo que contratara al primero, y el que convenció a Williams para que dejara de lado otras ofertas que tenía encima de la mesa en favor de la saga galáctica de Lucas-, por lo que se vio obligado a cambiar completamente el chip, pasando de una música repleta de notas, muy variada y movida, a otra en la que cobraba una especial importancia un juego de cinco notas –lo más curioso es que en Tiburón eran solo dos notas las que resaltaban sobre todas las demás-.  Williams guarda en su poder varias de las partituras, repletas de combinaciones, con las que él y Spielberg eligieron la perfecta de esas cinco notas, con una especial atención al final, ya que debía dejar en el espectador la idea de continuidad, de que faltaba algo, para así generarle interés y curiosidad por lo que estaba por venir. 

Tanto director como compositor han elogiado en muchos momentos de su carrera su colaboración en esta película, en especial en la secuencia final que tiene lugar a la sombra del monte Devil’s Tower, en Wyoming, con ese diálogo que se establece a base de luces y música. 

En general Spielberg suele citar muy a menudo su trabajo en esta película como uno de sus favoritos. La secuencia del secuestro del niño pequeño, una auténtica pieza de terror sobrenatural escondida dentro de una película dramática con algunos momentos ridículos, atesora ese plano, a estas alturas mítico, del chaval abriendo la puerta y asomándose a un exterior luminoso en tonos rojos y naranjas, una de las composiciones favoritas del director de toda su carrera. Aquí Spielberg demostró que no se le daba nada mal trabajar con niños pequeños, algo que confirmó con creces en E. T., el extraterrestre (1982) -los niños, como personajes, han formado parte de su carrera desde entonces en papeles principales-.

El actor Richard Dreyfus

Richard Dreyfus, un actor en estado de gracia en ese momento, que se llevaba muy bien con la taquilla y que había trabajado con Spielberg en Tiburón, fue el elegido para interpretar al padre de familia que, tras su encuentro con un UFO, va perdiendo la razón poco a poco, obsesionado por una imagen en su cabeza que no es capaz de entender. Dreyfus, que está genial como americano medio sobrepasado por las circunstancias, participó ese mismo año en otra película que le valió el Oscar a Mejor Actor y sumó otro éxito de taquilla a su ya de por sí brillante palmarés –Encuentros en la tercera fase ganó más de trescientos millones en taquilla con un presupuesto que no llegaba a los veinte-. 

El guion de Encuentros en la tercera fase contiene en su interior varias escenas muy cercanas y personales del propio Spielberg. El deterioro de la historia de amor entre Dreyfus y su esposa, interpretada por Teri Garr, es un reflejo de la de los propios padres del director y la poderosa escena en la que el hijo mayor increpa a su padre por ser un llorica ocurrió en realidad entre Spielberg y su progenitor, cuya relación estuvo interrumpida durante muchos años. Para que el drama humano no acabe absorbiendo toda la película, Spielberg le dio un toque cómico en el momento en el que el personaje de Dreyfus comprende lo que tiene que hacer y comienza a arrojar a su propio salón, desde el exterior, todo tipo de trastos y desperdicios para construir aquello que tiene en la cabeza y que no le deja vivir –la elección de Garr para este papel no es casual, ya que tenía una vena cómica muy marcada en su actuación-. 

Spielberg volvería sobre este tema en la mencionada E. T., pero lo haría variando el punto de vista desde el del adulto al del niño. 

Uno de los planos más famosos en la carrera de Steven Spielberg

La película comienza con un prólogo excepcional en medio de una tormenta de arena con el que se lanza al espectador un misterio absorbente que va a ir contándose en paralelo con la trama protagonizada por Dreyfus. Esta otra está liderada por un equipo de científicos que investigan una serie de misteriosos fenómenos que tienen lugar alrededor del mundo y en el que destaca, en un papel principal, el director francés François Truffaut -en la única vez en toda su vida que apareció como actor en una película que no era suya-. 

Es algo que me llama la atención de Encuentros en la tercera fase: cómo Spielberg es capaz de aunar en su historia, y de filmar tan bien, diversos géneros como el drama, el thriller, el terror o el humorístico, sin dejar de lado por supuesto la ciencia-ficción más pura, para la que tuvo que innovar a la hora de rodar las apariciones de las extraordinarias naves espaciales que surcan los cielos a toda velocidad -hay un plano, casi al final, con la cámara a ras de suelo moviéndose de izquierda a derecha, siguiendo el paso marcial de los candidatos, que siempre me ha encantado-. 

Cosa curiosa, Columbia Pictures, que había firmado un contrato con Spielberg para hacer esta película tras su debut cinematográfico en 1974, le otorgó plenos poderes tras el éxito de Tiburón –durante cuya realización el director estuvo trabajando en el desarrollo de esta película; ahí fue donde Dreyfus oyó hablar de ella por primera vez y donde se postuló de forma más que insistente para protagonizarla-. Poderes que Spielberg utilizó no solo para incrementar considerablemente el presupuesto pactado, sino para encargarse de tareas a priori ajenas a él, como la contratación de Dan Perri, un artista que se dedicaba a diseñar los títulos de las películas y que ya había trabajado con Scorsese, un buen amigo de Spielberg. Los resultados gustaron tanto al director y guionista que le encargó también el diseño de la campaña de publicidad –aunque son muchos los títulos míticos diseñados por Perri, solo por el de Star Wars ya merece un lugar de honor entre los grandes artistas gráficos de la industria-. 

Richard Dreyfuss en la famosa escena del salón

La larga secuencia final, uno de los puntos álgidos de la película, es una combinación extraordinaria de montaje, uso de la música, actuación, elección de los planos e integración de los efectos visuales, a base de marionetas, niñas disfrazadas de extraterrestres, grandes maquetas con todo lujo de detalles y una nueva forma de rodarlo todo que supuso un adelanto en la realización de los efectos especiales. Solo la lista de los implicados es todo un dream team del género en pantalla grande: Michael Kahn conocería a Spielberg en esta película y su relación, que se prolongaría en el tiempo, le haría ganar en el futuro tres Oscars al Mejor Montaje; Douglas Trumbull, un auténtico pionero de los efectos especiales que había trabajado en 2001; Dennis Muren, un tipo que tiene nueve Oscars en su casa; el italiano Carlo Rambaldi, que luego triunfaría con Alien (1979); o el diseñador Ralph McQuarrie, que se encargó de la gran nave que aparece en esta película y que siempre será recordado por sus diseños en Star Wars

Encuentros en la tercera fase no solo fue un éxito de taquilla y de público. Ganó dos Oscars por su Fotografía y por su Sonido; dos Grammy por la música de Williams –que ese mismo año ganó el Oscar, compitiendo contra sí mismo, por Star Wars- y salvó a Columbia de la bancarrota, que en ese momento se encontraba arruinada y al borde del cierre tras una serie de malas decisiones y el incremento de presupuesto que Spielberg les había sacado –lo que, como es lógico, solo incrementó la presión sobre el director-. 

Otra curiosidad sobre esta película: al igual que Blade Runner (1982), existen tres montajes diferentes. El que se estrenó en salas, el de la productora y el del director, que es el más extenso y que elimina una vistosa escena que tenía lugar en el interior de la nave nodriza de los extraterrestres y de la que Spielberg siempre renegó. La verdad es que no recuerdo mucho de las anteriores versiones y no sabría decir cuál de ellas es la mejor. 

El Monumento Nacional de la Torre del Diablo, en Wyoming, USA

Nunca me gustó el final de esta historia. La familia abandona al protagonista debido a sus excentricidades, pero en el fondo no es culpa suya, sino de los extraterrestres, que le han influido de tal forma que lo han vuelto prácticamente loco. Al final, si nos paramos a pensarlo, en realidad lo están secuestrando contra su voluntad, demasiado influenciado psicológicamente como para tener en cuenta que deja mujer y tres hijos atrás. Nunca me cuadró con la idea que pretendía dar Spielberg y a día de hoy sigo sin entenderlo completamente. 

Tras el estreno de Encuentros en la tercera fase Spielberg se tomó de nuevo dos años para trabajar en su siguiente película, que en contra de todo pronóstico no convenció ni a la crítica ni al público, quedando como una de sus historias más insulsas -1941-. Dos años después volvió por sus fueros con el estreno de En busca del arca perdida (1981).

Encuentros en la tercera fase


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