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| Portada a todo color de Rubén Pellejero para Equatoria |
Tras más de dos décadas durmiendo el sueño de los justos, Corto Maltés, uno de los personajes más importantes de la historia del tebeo europeo del siglo XX, volvió a las librerías a finales de 2015 de la mano de una pareja de autores españoles que, si bien nunca habían trabajado juntos con anterioridad, tenían cada uno por separado una carrera más que contrastada, con amplia experiencia y aceptación en el mercado europeo.
Bajo el sol de medianoche, que así se tituló esta nueva aventura del marino, supuso todo un reto para los españoles, que tuvieron que decidirse por una historia que respetara y continuara las esencias de Hugo Pratt o que, por el contrario, ofreciera un nuevo punto de vista más moderno y rupturista. Al final optaron por la primera opción y la acogida del nuevo álbum resultó ser muy positiva. Tanto que, a estas alturas, ya han publicado varias historias más del personaje, siendo Equatoria la segunda de ellas, que apareció en las librerías dos años después de su predecesora, a finales de 2017, con motivo del cincuenta aniversario de la primera aparición de su protagonista.
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| En esta aventura Corto volverá a visitar Venecia |
Equatoria supone una mejora respecto al anterior álbum, lo que es normal, dada la presión de relanzar un personaje tan mítico como Corto Maltés, una de esas criaturas de ficción que han traspasado ampliamente la frontera del medio impreso en el que nacieron para colarse en el acervo popular. El guionista de Blacksad sigue combinando con mucho acierto algunas de las principales características de Pratt como escritor: la precisa documentación y la trabajada ambientación en la que se mueve el protagonista; la capacidad de Maltés de toparse en sus vagabundeos con personajes llamados a hacer historia, ya pertenezcan al mundo de las artes o al de la política -en el caso que nos ocupa, Winston Churchill-; o esa forma de hablar tan característica en la que hay una ironía y un ingenio fruto de la experiencia y de su carácter indómito de marino.
Hay otro aspecto del personaje que siempre me ha maravillado y que no es otro que su envidiable círculo de amigos. En sus vagabundeos a lo largo y ancho del mucho Corto Maltés ha hecho tantos amigos como enemigos, ya sean hombres o mujeres, de toda clase y condición. No es raro verlo confraternizar con hombres peligrosos que se dedican a actividades del todo ilegales y con los que demuestra camaradería y respeto. Pero también tiene la suerte de haber trabado íntima amistad con artistas de la talla de Jack London. O del poeta Constantino Cavafis, con el que se topará en esta aventura en su paso por Egipto.
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| El diálogo entre el marino y su ¿amada? Malta |
Por su parte, Pellejero permanece fiel a la disposición de cuatro líneas de viñetas por página a la que los lectores del personaje están acostumbrados. Y aunque también mantiene parte del trazo de Pratt, así como el uso de las manchas de negro, en este álbum se le nota más suelto que en el anterior, con fondos muy bien trabajados, un uso del color muy interesante, opuesto, prácticamente, al que nos encontramos en su primer álbum, y alguna que otra secuencia, sobre todo las más movidas, donde puede aportar mucho de sí mismo. Es de esperar que, en las próximas aventuras, que todavía no he leído pese a que ya han sido publicadas, cada vez veamos una mayor evolución del estilo de Pratt al del propio Pellejero, aunque aquí ya se aprecia una habilidad innata para dar salida a diferentes ambientes, haciéndolos todos creíbles o logrando la sensación continua de viaje que demanda la historia -he disfrutado mucho del recurso, de un romanticismo enorme, de establecer un diálogo entre el protagonista y su isla natal, a la que no consigue volver, y que recuerda poderosamente a otros ilustres viajeros que tuvieron serias dificultades para regresar a su patria tras una larga y azarosa vida errante-.
En cuanto a la trama principal, si Bajo el sol de medianoche estaba ambientada en el año 1915, poco tiempo después de que conociéramos al personaje en la ya mítica La balada del mar salado, en esta ocasión nos encontramos en el año 1911 en Venecia, con el protagonista iniciando un viaje en compañía de una amiga, periodista de profesión, en busca de un objeto mítico, el espejo del Preste Juan, del que se decía tenía propiedades mágicas –la historia del Preste Juan es una de las más famosas de la Edad Media cristiana. Umberto Eco, en su particular estilo desmitificador, le dedicó una novela en el año 2000 titulada Baudolino-.
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| Página de Rubén Pellejero para Equatoria |
La peripecia de ambos los llevará hasta Alejandría, de ahí a Zanzíbar, y finalmente a la Equatoria que da nombre al título, situada en el corazón de África en lo que hoy en día es Sudán del Sur, que en aquellos años todavía dependía del dominio egipcio y, por lo tanto, sujeta a la influencia británica. Una oportunidad única para asomarnos a un periodo oscuro, el de la colonización europea del continente africano, que nos da una buena pista de por dónde empezaron los problemas que todavía hoy asolan a muchos países africanos -y es que el siglo XX que le tocó a Corto recorrer no fue precisamente tranquilo, sino más bien todo lo contrario-.
Los personajes femeninos tienen una gran importancia en esta aventura, como se encarga de resaltar el propio guionista en uno de los tres prólogos que acompañan a esta edición de Norma Editorial -estas páginas previas a la aventura están amenizadas con alguna que otra fotografía y con varios bocetos y acuarelas-. Una de ellas está basada en una mujer que existió realmente; otra nace de la fértil imaginación del guionista de Fraternity y las dos restantes son directamente dos personajes históricos a los que se les añade un apunte biográfico más que pudo perfectamente haber ocurrido. Si se deja el texto de Díaz Canales para después de haber leído el tebeo, el lector puede entrar en el juego de descubrir qué personaje es cada cual.
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| Portada para el edición en blanco y negro a cargo de Norma Editorial |
Equatoria es una hábil continuación de las aventuras del viejo marino, con un tono más oscuro que la anterior, pero más compacta desde un punto de visto narrativo y con un dibujo que avanza cada vez más en personalidad propia. Canales y Pellejero ya le han tomado la medida al personaje y aquí nos ofrecen una trama que, en realidad, son dos, como descubrirá el lector atento. Este tebeo, además, fue premiado por la asociación de libreros española como el mejor cómic del año 2017.
Como curiosidad, la portada de
Pellejero. Ya me llamó la atención que la del tomo anterior, junto con la
contra, eran en realidad una mezcla de varias viñetas que podían encontrarse en
el interior del tebeo. Desconozco por qué tomaron esa decisión, pero aquí
parece que se trata de una ilustración original realizada expresamente con ese
propósito en mente.





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