martes, 8 de septiembre de 2026

Paradise. Primera y segunda temporada

 

Cartel promocional de la primera temporada de Paradise

Lo primero que hay que decir de Paradise es que es una de esas series que se disfrutan mucho más si no se sabe nada de ellas de antemano. Sé que esto es cada vez más difícil, pero su primer episodio es un Piloto a la vieja usanza, de cuando era una herramienta de presentación y seducción que debía ganarse a los altos ejecutivos de una cadena, primero, y a los potenciales espectadores, después. Los cánones mandaban que el Piloto sirviera para introducir a los personajes protagonistas, así como el eje argumental sobre el que girarían las tramas, de tal forma que generara sorpresa e interés. Lo mismo daba que fuera un procedimental tipo House o una serie-río tipo Dexter. O Perdidos, ya que estamos.

Porque Paradise es también una serie muy parecida a Perdidos, sobre todo en su esqueleto narrativo, dejando de lado el hecho de que ya no se hacen temporadas de tantos episodios como antes, por lo que el ritmo ahora siempre va a ser mucho más rápido. Lo que no deja de ser un punto a tener muy en cuenta, ya que eso siempre irá a la contra de uno de los males endémicos que tenían las series de veintitantos episodios, especialmente cuando disfrutaban de un gran éxito, y de la que la serie de la cadena ABC no se salvó: los capítulos de relleno.

Pero volviendo a Paradise, cuenta una historia rompedora en el presente que es interrumpida constantemente por una serie de flashbacks que ayudan a situar al espectador respecto a la situación actual y cómo se ha llegado a ella. Además, suelen narrarse desde el punto de vista de un personaje concreto cada vez, por lo que se va conociendo poco a poco al reparto coral de la serie. Es decir, tal y como hacía Perdidos -aunque a ocho episodios por temporada no da tiempo a explorar tantos personajes como ocurría en la serie de J. J. Abrams y Damon Lindelof-.

Sarah Shahi interpreta a la doctora Gabriela Torabi

Sterling K. Brown, actor doble ganador del Premio Emmy y del Globo de Oro por su trabajo en This is Us, interpreta a Xavier Collins, agente del Servicio Secreto encargado de la seguridad del Presidente de los Estados Unidos en el momento en el que este es asesinado en sus aposentos privados. Tanto sus superiores inmediatos como las autoridades más cercanas a la presidencia pretenden relegarlo e impedirle investigar la muerte de su protegido, lo que le obligará a seguir su propio camino si pretende averiguar qué es lo que ha ocurrido y cómo ha sido posible. Cal Bradford, el presidente de los Estados Unidos al que pone rostro James Marsden, recuerda un poco en su concepción a una especie de George Bush Jr., aunque con mucho más carisma. El actor de Westworld nunca ha sido de mis favoritos, ni siquiera cuando interpretaba al Cíclope de los X-Men, pero en este caso tengo que reconocer que es fácilmente uno de los mejores papeles en los que le he visto.

Los otros dos grandes personajes de la serie son dos mujeres. Julianne Nicholson, también ganadora doble en los Emmy, es Sinatra, la multimillonaria que maneja el poder en la sombra; mientras que Sarah Shahi, la Sameen Shaw de la genial Person of Interest, interpreta a una psicoterapeuta especializada en el duelo.

Paradise es una serie de Hulu, una de las subsidiarias más exitosas de Disney. Ya se han estrenado dieciséis episodios divididos en dos tandas –el primero apareció en enero de 2025- y su tercera temporada ya ha sido confirmada, con una previsión de estreno para principios del año que viene  –la crítica la ha tratado muy bien desde el primer día, incluyendo once nominaciones a los Emmy, aunque perdió el de Mejor Serie ante la primera temporada de The Pitt-.

El presidente de los Estados Unidos y el Servicio Secreto

Dan Fogelman es un guionista de cine y televisión muy ligado a la comedia que en dos de sus últimos trabajos, la mencionada This is Us y la todavía en emisión Solo asesinatos en el edificio, ha cosechado la mayoría de los elogios de su carrera. También es el creador y showrunner de Paradise, en la que además se ha reservado la escritura de los primeros episodios de cada temporada emitidos hasta ahora. En la parte de dirección destaca la pareja formada por Glenn Ficarra y John Requea, que ya coincidieron con Fogelman en la estupenda comedia Crazy, Stupid, Love (2011).

Pero hay otra característica de Paradise que recuerda mucho a Perdidos. Y no se puede hablar de ella sin entrar en el terreno de los spoilers, así que cuidado a partir de ahora.

Al igual que ocurría con el Piloto de Perdidos, el desenlace del primer episodio de Paradise es toda una sorpresa, ya que, en realidad, no nos encontramos ante una investigación criminal cualquiera rodeada de conspiraciones en la sombra, sino ante una historia de ciencia-ficción postapocalíptica.

Parte del elenco de Paradise

Mientras se va avanzando en el episodio cada vez son más los detalles que no acaban de encajarle al espectador, hasta que en sus últimos minutos se revela la verdad: los protagonistas viven dentro de una cúpula gigantesca, una especie de Show de Truman cuya verdadera naturaleza va a ir contándose poco a poco en los siguientes episodios, mientras se produce una lucha por el poder de la sociedad que habita bajo los montes de Colorado, tres años tras un desastre natural que ha hecho la superficie de la Tierra prácticamente inhabitable y que ha dejado en la cuneta a millones de personas.

Solo unos pocos han sido los elegidos para sobrevivir al apocalipsis y juntos han continuado con sus vidas lo mejor posible, manteniendo buena parte de los pilares básicos de la sociedad estadounidense intactos.

Como ya he comentado, el ritmo es rápido, los cliffhangers, continuos y, en general, la historia es adictiva. No puede evitar, en algunos momentos, caer en algunos viejos trucos de guion que pueden chirriar un poco –personajes que hacen o deshacen un poco a conveniencia de la trama, y no de lo que se presupone sería una respuesta lógica por su parte; alguna que otra casualidad un tanto (demasiado) grande para que la historia pueda continuar-, pero no evita que su resultado sea tremendamente entretenido.

Cartel promocional de la segunda temporada de Paradise

En su segunda temporada los guionistas deben lidiar con otra de las amenazas latentes de este tipo de series, nacidas a partir de un high-concept. ¿Cuánto tiempo puede mantenerse la premisa original sin agotarla? ¿Cuántas vueltas pueden darse sobre lo mismo?

Así, en su segunda temporada Paradise amplía su mundo y combina episodios que se desarrollan dentro de la comunidad que se encuentra a salvo bajo los montes de Colorado, y donde además se plantea un nuevo misterio, con otros que transcurren en el exterior, en las cercanías de ciudades como Atlanta –situación ideal para introducir nuevos personajes e historias de supervivencia-.

En este último aspecto es curioso cómo, aunque la serie no puede evitar caer en algunos elementos comunes a este tipo de producciones, en los que la supervivencia del más fuerte suele ser lo predominante, marca las distancias con otro tipo de shows como pueden ser The Walking Dead o The Last of Us, mucho más oscuros, tanto en su forma de mostrar el mundo postapocalíptico en el que se desarrollan como a la hora de describir la siempre compleja condición humana.

La actriz Shailene Woodley se ha llevado el Emmy a Mejor Estrella Invitada en la segunda temporada de Paradise

Las dos principales tramas acabarán confluyendo en el capítulo final, dejando de paso una nueva situación para explorar en su tercera temporada, tras una serie de revelaciones y sorpresas que añaden todavía más misterio a lo que se está contando.

Paradise también es una de esas series que, aunque reciba muchas nominaciones a los premios más importantes, pocas veces se llevará uno, sobre todo a la hora de competir con los pesos pesados de cadenas como HBO o Apple. Pero que, sin embargo, es muy recomendable gracias a una buena idea de partida, a un desarrollo con ritmo de lo más entretenido, una producción solvente y un buen puñado de buenos actores. Todo esto garantiza pasar un buen rato, lo que no es poca cosa, teniendo en cuenta la enorme variedad de diferentes propuestas televisivas que copan los servicios de streaming, muchas de ellas con un nivel realmente bajo.

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